Son muchas las características que podrían destacarse de la prehistoria, pero las que más la definen y hacen que sea una época única en nuestra existencia son pocas. Entre ellas nos encontramos la organización en pequeñas tribus o clanes, en las que el hombre más fuerte o el más anciano pasaba a ser la persona que lideraba, tanto por su fortaleza como por su inteligencia para llevar a su grupo a un lado u otro para conseguir el alimento o encontrar cobijo. Los clanes no eran muy numerosos, pudiendo llegar a unas veinte personas como máximo.
Por otro lado, los hombres y mujeres de la prehistoria eran nómadas, esto quiere decir que no se instalaban en un mismo sitio mucho tiempo, sino que cuando se alojaban en una pequeña caverna, la habitaban por unos meses, buscando y cazando lo que tenían a su alrededor y cuando veían que los alimentos escaseaban, volvían a desplazarse hasta otras regiones.
El trabajo se dividía según el sexo y la edad, mientras que los hombres iban en busca del alimento, cazando a los animales, o confeccionaban armas y otras herramientas, las mujeres o los niños más pequeños se quedaban dentro de la cueva, se dedicaban a crear ropas con las pieles, a cocinar, entre otras actividades.
Pero realmente lo que más define a la prehistoria es que no se ha conservado ningún tipo de documento escrito, a pesar de que, si se hayan encontrado muchos dibujos en cuevas, no se conserva ningún sistema de palabras o símbolos que significarán algo escrito.
Al no existir documentos escritos, la arqueología se convierte en el único medio para reconstruir los sucesos de la prehistoria, a través del estudio de los restos materiales dejados por los pueblos del pasado: sus zonas de residencia, sus utensilios, así como sus grandes monumentos y sus obras de arte.



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